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viernes, 18 de noviembre de 2011

"EL PELUSA"

 D10s existe

Jugó, venció, meó, perdió. El análisis delató efedrina y Maradona acabó de mala manera su Mundial del 94. La efedrina, que no se considera droga estimulante en el deporte profesional de los Estados Unidos y de muchos otros países, está prohibida en las competencias internacionales. hubo estupor y escándalo. Los truenos de la condenación moral dejaron sordo al mundo entero, pero mal que bien se hicieron oír algunas voces de apoyo al ídolo caído. Y no sólo en su dolorida y atónita Argentina, sino
en lugares tan lejanos como Bangladesh, donde una manifestación numerosa rugió en las calles repudiando a la FIFA y exigiendo el retorno del expulsado. Al fin y al cabo, juzgarlo era fácil, y era fácil condenarlo, pero no resultaba tan fácil olvidar que Maradona venía cometiendo desde hacía años el pecado dc ser el mejor, el delito de denunciar a viva voz las cosas que el poder manda callar y cl crimen de jugar con la zurda, lo cual, según el Pequeño Larousse Ilustrado, significa «con la izquierda» y también significa «al contrario de como se debe hacer». Diego Armando Maradona nunca había usado estimulantes, en vísperas dc los partidos, para multiplicarse el cuerpo. Es verdad que había estado metido en la cocaína, pero se dopaba en las fiestas tristes, para olvidar o ser olvidado, cuando ya estaba acorralado por la gloria y no podía vivir sin la fama que no lo dejaba vivir. Jugaba mejor que nadie a pesar de la cocaína, y no por ella. Él estaba agobiado por el peso de su propio personaje. Tenía problemas en la columna vertebral, desde el lejano día en que la multitud había gritado su nombre por primera vez. Maradona llevaba una carga llamada Maradona, que le hacía crujir la espalda. El cuerpo como metáfora: le dolían las piernas, no podía dormir sin pastillas. No había demorado en darse cuenta de que era insoportable la responsabilidad de trabajar de dios en los estadios, pero desde el principio supo que era imposible dejar de hacerlo. «Necesito que me necesiten», confesó, cuando ya llevaba muchos años con el halo sobre la cabeza, sometido a la tiranía del rendimiento sobrehumano, empachado de cortisona y analgésicos y ovaciones, acosado por las exigencias de sus devotos y por el odio de sus ofendidos. El placer de derribar ídolos es directamente proporcional a la necesidad de tenerlos. En España, cuando Goicoechea le pegó de atrás y sin la pelota y lo dejó fuera de las canchas por varios meses, no faltaron fanáticos que llevaron en andas al culpable de este homicidio premeditado, y en todo el mundo sobraron gentes dispuestas a celebrar la caída del arrogante sudaca intruso en las cumbres, el nuevo rico ése que se había fugado del hambre y se daba el lujo de la insolencia y la fanfarronería.
Después, en Nápoles, Maradona fue santa Maradonna y san Gennaro se convirtió en san Gennarmando. En las calles se vendían imágenes de la divinidad de pantalón corto, iluminada por la corona de la Virgen o envuelta en el manto sagrado del santo que sangra cada seis meses, y también se vendían ataúdes de los clubes del norte de Italia y botellitas con lágrimas de Silvio Berlusconi. Los niños y los perros lucían pelucas de Maradona. Había una pelota bajo el pie de la estatua del Dante y el tritón de la fuente vestía la camiseta azul del club Nápoles. Hacía más de medio siglo que el equipo de la ciudad no ganaba un campeonato, ciudad condenada las furias del Vesubio y a la derrota eterna en los campos de fútbol, y gracias a Maradona el sur oscuro había logrado, por fin, humillar al norte blanco que lo despreciaba. Copa tras copa, en los estadios italianos y europeos, el club Nápoles vencía, y cada gol era una profanación del orden establecido y una revancha contra la historia. En Milán odiaban al culpable de esta afrenta de los pobres salidos de su lugar, lo llamaban jamón con
rulos. Y no sólo en Milán: en el Mundial del 90, la mayoría del público castigaba a Maradona con furiosas silbatinas cada vez que tocaba la pelota, y la derrota argentina ante Alemania fue celebrada como una victoria italiana.Cuando Maradona dijo que quería irse de Nápoles, hubo quienes le echaron por la ventana muñecos de cera atravesados de alfileres. Prisionero de la ciudad que lo adoraba y de la camorra, la mafia dueña de la ciudad, él ya estaba jugando a contracorazón, a contrapié; y entonces,
estalló el escándalo de la cocaína. Maradona se convirtió súbitamente en Maracoca, un delincuente que se había hecho pasar por héroe.

Más tarde, en Buenos Aires, la televisión trasmitió el segundo ajuste de cuentas: detención en vivo y en directo, como si fuera un partido, para deleite de quienes disfrutaron el espectáculo del rey desnudo que la policía se llevaba preso. «Es un enfermo», dijeron. Dijeron: «Está acabado». El mesías convocado para redimir la maldición histórica de los italianos del sur había sido, también, el vengador
de la derrota argentina en la guerra de las Malvinas, mediante un gol tramposo y otro gol fabuloso, que dejó a los ingleses girando como trompos durante algunos años; pero a la hora de la caída, el Pibe de Oro no fue más que un farsante pichicatero y putañero. Maradona había traicionado a los niños y había deshonrado al deporte. Lo dieron por muerto. Pero el cadáver se levantó de un brinco. Cumplida la
penitencia de la cocaína, Maradona fue el bombero de la selección argentina, que estaba quemando sus últimas posibilidades de llegar al Mundial 94. Gracias a Maradona, llegó. Y en el Mundial, Maradona estaba siendo otra vez, como en los viejos tiempos, el mejor de todos, cuando estalló el escándalo de la efedrina. La máquina del poder se la tenía jurada. Él le cantaba las cuarenta, eso tiene su precio, cl precio se cobra al contado y sin descuentos. Y el propio Maradona regaló la justificación, por su tendencia suicida a servirse en bandeja en boca de sus muchos enemigos y esa irresponsabilidad
infantil que lo empuja a precipitarse en cuanta trampa se abre en su camino. Los mismos periodistas que lo acosan con los micrófonos, le reprochan su arrogancia y sus rabietas, y lo acusan de hablar demasiado. No les falta razón; pero no es eso lo que no pueden perdonarle: en realidad, no les gusta lo que a veces dice. Este petiso respondón y calentón tiene la costumbre de lanzar golpes hacia arriba. En
el 86 y en el 94, en México y en Estados Unidos, denunció a la omnipotente dictadura de la televisión, que estaba obligando a los jugadores a deslomarse al mediodía, achicharrándose al sol, y en mil y una ocasiones más, todo a lo largo de su accidentada carrera, Maradona ha dicho cosas que han sacudido el avispero. Él no ha sido el único jugador desobediente, pero ha sido su voz la que ha dado resonancia universal a las preguntas más insoportables: ¿Por qué no rigen en el fútbol las normas universales del derecho laboral? Si es normal que cualquier artista conozca las utilidades del show que ofrece, ¿por qué los jugadores no pueden conocer las cuentas secretas de la opulenta multinacional del fútbol? Havelange calla, ocupado en otros menesteres, y Joseph Blatter, burócrata de la FIFA que jamás ha pateado una pelota pero anda en limusinas de ocho metros y con chófer negro, se limita a comentar: El último astro argentino fue Di Stéfano. Cuando Maradona fue, por fin, expulsado del Mundial del 94, las canchas de fútbol perdieron a su rebelde más clamoroso. Y también perdieron a un jugador fant
ástico. Maradona es incontrolable cuando habla, pero mucho más cuando juega: no hay quien pueda prever las diabluras de este inventor de sorpresas, que jamás se repite y que disfruta desconcertando a las computadoras. No es un jugador veloz, torito corto de piernas, pero lleva la pelota cosida al pie y tiene ojos en todo el cuerpo. Sus artes malabares encienden la cancha. El puede resolver un partido disparando un tiro fulminante de espaldas al arco o sirviendo un pase imposible, a lo lejos, cuando está cercado por miles de piernas enemigas; y no hay quien lo pare cuando se lanza a gambetear
rivales. En el frígido fútbol de fin de siglo, que exige ganar y prohibe gozar, este hombre es uno de los pocos que demuestra que la fantasía puede también ser eficaz.


Cuento del libro “El fútbol a sol y sombra” – Eduardo Galeano

jueves, 17 de noviembre de 2011

El Manchester sobrevivió a su propia catástrofe

En la catástrofe aérea de Múnich, el equipo del United quedó destrozado. Murieron jugadores importantes como Byrne, Pegg, Taylor, Colman, Whelan y estuvo 15 días debatiéndose entre la vida y la muerte Duncan Edwards, que a sus 21 años era la figura del equipo y la gran esperanza del fútbol inglés. Su muerte conmocionó a Inglaterra y hubieron de ocultársela a su entrenador, Matt Busby, que la conocería semanas más tarde.

Aquel equipo tuvo que recomponerse y seguir jugando el campeonato y hasta llegó a disputar aquel año la final de Copa perdiéndola 2-0 con el Bolton.Dicen que el fútbol siempre paga sus deudas. Tres de los supervivientes, Charlton, Foulkes y Gregg, con Matt Busby en el banquillo como entrenador, lograrían diez años después de la catastrofe de Múnich en 1968 ganar la Copa de Europa imponiéndose al Benfica en una final inolvidable para la ciudad de Manchester y para los hinchas del United.
Si alguna vez viajan de turismo a Inglaterra y tienen pensado visitar la ciudad de Manchester no olviden que en el propio estadio de Old Trafford, uno de los grandes templos del fútbol inglés, hay un museo futbolístico de primera dimensión y una sala dedicada a una tragedia que engrandeció la historia de uno de los equipos más importantes del mundo y que sabe rendir culto a aquellos que lo engrandecieron.
Con 21 años en una pista helada dejó su vida la gran figura del fútbol inglés, Duncan Edwards. Dicen que en la iglesia de su ciudad hay una vidriera que le recuerda vestido con la camiseta del United.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Historia de los Mundiales II

La expulsion de Rattin-La participación de José Batista en México '86 fue vista y no vista. El jugador uruguayo fue expulsado del partido que disputaba su selección ante Escocia a los 55 segundos de juego. Por supuesto, Batista tiene el récord de la expulsión más rápida.

-Una intensa lluvia fue la protagonista del partido que enfrentó a Brasil y Polonia en Francia '38. El terreno de juego se encharcó, y el brasileño Leónidas decidió quitarse las botas porque le pesaban demasiado a causa del barro. Pero el árbitro no le permitió jugar descalzo y le obligó a ponérselas de nuevo. Poco después, el delantero brasileño perdió una bota en plena jugada y llegó a meter un gol.

-27 segundos de juego bastaron para que el inglés Bryan Robson anotara el primer gol en el partido que enfrentaba a su país contra Francia. Fue en España '82, y aquel gol pasó a la historia como el más rápido en una Copa del Mundo.

-En Inglaterra '66, durante el partido entre Argentina y el equipo anfitrión, el árbitro expulsó a Antonio Rattín en una decisión que los jugadores argentinos consideraron injusta. A modo de protesta, Rattín arrancó y retorció uno de los banderines de corner, y luego se sentó a ver el resto del partido sobre la alfombra real británica.

-Uruguay '30, partido entre Francia y Argentina. Cuatro minutos antes del tiempo reglamentario, el árbitro Almeido Rego pita el final del encuentro cuando Argentina gana por 1 a 0. Los equipos abandonan el terreno de juego, pero el público no está de acuerdo con la decisión del árbitro e invade el campo para protestar. Tras la intervención de la policía para echar a los aficionados, Rego reconsidera su decisión y hacer llamar a los jugadores, que ya están en los vestuarios, para reanudar el juego. El partido termina con el mismo resultado.

-En Argentina '78, durante el partido que enfrentaba a Brasil y Túnez, el árbitro señaló una falta a favor de los brasileños cerca del área tunecina. Cuando ya todos los jugadores estaban preparados y el árbitro pitó para reanudar el juego, un defensa abandonó corriendo la barrera tunecina y chutó el balón antes de que ningún jugador brasileño pudiera reaccionar. El árbitro amonestó al tunecino, pero éste no llegó a entender por qué le castigaban.

-Un pastor protestante de una pequeña localidad británica ha decidido proyectar los partidos del Mundial 2002 para sus parroquianos. De esta manera pretende atraer a los feligreses a su iglesia, al menos los domingos, que es cuando se emitirán los encuentros. Lo que no podrán hacer los aficionados es tomarse la típica pinta de cerveza mientras ven los partidos...

martes, 15 de noviembre de 2011

EL REY ESCORPIÓN

Lo primero que hay que decir es que el Escorpión nació por casualidad, pues lo que yo quería hacer era otra cosa: agarrar el balón con las piernas y no pegarle con los tacos. Me explico: simplemente a mí me tiraban la pelota, yo me estiraba para adelante, como volando, y la apretaba entre la parte trasera del muslo y el huevito que está detrás de la espinilla.La verdad es que yo vi de reojo que el juez de línea tenía la bandera levantada por un fuera de lugar, lo que hacía el momento aun más perfecto: si el balón pasaba, capaz que dejaba la banderola arriba y anulaba el gol. Pero el hombre quedó loco cuando hice la jugada y bajó la bandera. En ese momento escuché un murmullo en las tribunas que nunca había oído y no volví a oír. Después empezaron las ovaciones. Creo que ha sido la jugada más premiada y celebrada de la historia del fútbol. El árbitro pitó el final del primer tiempo, llegamos al camerino y, ¡sorpresa!, el técnico ‘Bolillo’ Gómez no me regañó. En cambio dijo: “Si eso lo hubiera hecho un argentino, lo habríamos aplaudido; entonces démosle un aplauso a René”. Y todos me aplaudieron y me felicitaron. Pero en ese camerino nadie entendía la dimensión de lo acababa de pasar hasta que salimos para el hotel y la gente en la calle hablaba del Escorpión. Después prendimos la televisión y los periodistas comentaban la jugada. Y en el aeropuerto solo se escuchaba a la gente que repetía “el Escorpión, el Escorpión, el Escorpión…”. Era una locura 
 

lunes, 14 de noviembre de 2011

EQUIPOS HISTÓRICOS: EL MILAN INMORTAL DE Arrigo Sacchi

El fútbol italiano ha sido y es, tradicionalmente, considerado uno de los más defensivos y poco estéticos que se pudieron ver a lo largo de la historia. La idiosincrasia de juego de su liga y de su selección nacional fue muchas veces cuestionada por algunos de los promotores del fútbol ofensivo y vistoso ya desde los primeros años del siglo pasado. Sin embargo, a finales de la década de 1980 el entrenador Arrigo Sacchi llegó al Milan para romper los esquemas tradicionales del Calcio y formar un equipo Inmortal.
Antes de estos tiempos dorados, el elenco Diavolo atravesó una de sus peores épocas. Los casos de corrupción adjudicados y dos descensos a la Serie B de Italia, la segunda categoría de ese país, mancharon la gloriosa historia del Milan. No obstante, la llegada de Silvio Berlusconi a la presidencia en lugar de Giuseppe Farina significó la inyección económica que una de las escuadras más poderosas del mundo necesitaba para poder resurgir de las cenizas. Con él llegó la reestructuración del plantel profesional (arribaron Roberto Donadoni, Daniele Massaro, Giuseppe Galderisi y Giovanni Galli, entre otros) y el regreso a las competiciones internacionales.
Eventualmente, el conjunto milanés comenzó su etapa más recordada y fructífera. Mantener la posesión de la pelota y llevar en todo momento la iniciativa de ataque eran las premisas de este poderoso conjunto, que contaba con tres holandeses que llevaban el legado del Fútbol Total de Johan Cruyff: Frank Rijkaard, que se movía hábilmente como primer marcador central, y Marco Van Basten y Ruud Gullit, garantía en el ataque de ese Milan que consiguió conquistar Europa en 1989 y 1990.
Van Basten era el matador del área que el Milan precisaba. Sus movimientos eran quizás lentos pero su agilidad mental y su potencia y frialdad en el momento de la definición. Por lo general se acercaba al área contraria por el centro del campo, pero su talento le permitía adentrarse por las bandas. En tanto, el Tulipán Negro empleaba al máximo su velocidad para desbordar las bandas y su cabeceo en las pelotas paradas, siendo casi imposible de detener para los adversarios.
Pero el cuadro de Arrigo Sacchi no dependía exclusivamente del tridente neerlandés. Franco Baresi era la voz del director técnico dentro del campo de juego, el líder, debido a que siempre indicaba a sus compañeros las jugadas necesarias y más convenientes durante el desarrollo de los partidos. Defensor elegante a la hora de distribuir y certero en la recuperación, con toda su experiencia y jerarquía fue capaz de comandar al Milan a lo más alto. Sin embargo, no se llevó todas las luces porque también era acompañado por el joven Paolo Maldini, quien ya estaba asentado como titular y era sinónimo de proyección, disciplina, potencia y seguridad por el extremo derecho.
A partir de estos dos hombres, el Milan implementaba una presión extrema en cada zona de la cancha con el fin de que ninguno de sus jugadores estuviera demasiado alejado de la pelota. De esta manera, el conjunto Rossonero siempre amenazaba con recuperar la tenencia y una vez que lo hacía (casi siempre) llevaba ataque sus ofensivas mortíferas.

Pero al igual que todo engranaje perfecto, el Milan de Sacchi no dependía únicamente de las figuras mencionadas anteriormente. Donadoni, Carlo Ancelotti, Alberigo Evani fueron los responsables de la recuperación total en el mediocampo, cortando de raíz los avances adversarios. A su vez, Angelo Colombo se posicionaba delante de la zaga central para colaborar con Baresi y Rijkaard, retrasándose y también presionando hacia adelante. Además, en el carril opuesto al de Maldini Mauro Tassotti era el encargado de desnivelar para acompañar en la creación de fútbol a Donadoni y a Gullit ocasionalmente.
Un Scudetto de Primera División, dos Copas de Campeones de Europa, la misma cantidad de Intercontinentales y de Supercopas de Europa y una Supercopa de Italia fueron los laudos de Arrigo Sacchi en su estadía en Milan. Los trofeos quedaron en las vitrinas pero la espectacularidad del fútbol demostrado por ese equipo seguramente quedó grabado en la mente de los tifosi.

domingo, 13 de noviembre de 2011

CAMISETAS PARA LA HISTORIA DE LA FIORENTINA

FIORENTINA 91-92

Era la temporada 91-92 del calcio. Con 25 chicharros de Marco Van Basten como principal argumento, al Milan de Fabio Capello le daba por embolsarse el que iba a ser el primero de cuatro scudettos consecutivos, a Zdeněk Zeman por maravillar al país entero convirtiendo al modesto Foggia en una máquina de jugar (58 goles a favor con Baiano y Signori incontestables) y de palmar (58 en contra) y a la Fiorentina por pasearse de norte a sur con éste engendro trufado de rayas y despropósitos que están viendo sobre el párrafo. En el club viola dieron carpetazo a la temporada sentados en un despampanante décimosegundo puesto. Si aquello no era un castigo divino de San Giovanni, patrón eterno de la capital toscana, por la camisetucha de recambio lo parecía…

Quizá la tela, patrocinada por una conocida marca de productos para niños, tuvo algún efecto infantilizante en el juego del once florentino porque de otro modo no se puede explicar tan discreto desempeño. Sobre todo en un conjunto que contaba con efectivos de la categoría de Dunga o un Gabriel Batistuta recién aterrizado para hacer historia en el club. Claro que al año siguiente llegaron Stefan Effemberg, Brian Laudrup y el gambetita Latorre y la cosa no mejoró ni un ápice. Ni aliñando las hombreras suplentes con el icono fundamental de la ideología que tanto ha gustado siempre en Italia oiga.
Aunque en cierto modo la existencia de esta anomalía (sin duda el festival de hojas moradas es un homenaje Lotto al manto caducifolio que cubre la baldosa florentina durante el otoño) es plenamente justificable (si tu carnet de identidad te acredita como ciudadano italiano). Porque por mucho que nos vendan que en la nación principio y final de la moda mundial hasta el más terrone es sensible por tradición, que incluso el que vive masticando tierra en un campo de la Italia meridional es acreedor de un profundo sentimiento artístico, después Lotto, Diadora  y compañía tejen lo que tejen. Esto es, extravagancias non sense ideales para cortejar bestialmente hasta en el último rincón del litoral español, camisetas como la de la Fiore 91.

sábado, 12 de noviembre de 2011

EL ESTADIO


Ha entrado usted, alguna vez, a un estadio vacío? Haga la prueba. Párese en medio de la cancha y escuche. No hay nada menos vacío que un estadio vacío. No hay nada menos mudo que las gradas sin nadie. En Wembley suena todavía el griterío del Mundial del 66, que ganó Inglaterra, pero aguzando el oído puede usted escuchar gemidos que vienen del 53, cuando los húngaros golearon a la selección inglesa. El Estadio Centenario, de Montevideo, suspira de nostalgia por las glorias del fútbol uruguayo.
Maracaná sigue llorando la derrota brasileña en el Mundial del 50. En la Bombonera de Buenos Aires,
trepidan tambores de hace medio siglo. Desde las profundidades del estadio Azteca, resuenan los ecos de los cánticos ceremoniales del antiguo juego mexicano de
pelota. Habla en catalán el cemento del Camp Nou, en Barcelona, y en euskera conversan las gradas de San Mamés, en Bilbao. En Milán, el fantasma de Giuseppe Meazza mete goles que hacen vibrar al estadio que lleva su nombre. La final del Mundial del 74, que ganó Alemania, se juega día tras día y noche tras noche en el Estadio Olímpico de Munich. El estadio del rey Fahd, en Arabia Saudita, tiene palco de mármol y oro y tribunas alfombradas, pero no tiene memoria ni gran cosa que decir.


Cuento del libro “El fútbol a sol y sombra” – Eduardo Galeano

viernes, 11 de noviembre de 2011

Historia de los Mundiales

En esta sección, nos toca hablar hoy de algunas anécdotas curiosas de la actual campeona del mundo en los mundiales. España.

Sabias que...

España no participó en el Mundial de Suiza en 1954 por una pura cuestión de azar. Tras enfrentarse a Turquía en tres partidos (uno de ellos supuestamente para desempatar) durante las eliminatorias, ambos equipos quedaron igualados en puntos. Así que se decidió echar a suertes quién acudiría a la Copa del Mundo. Turquía ganó el sorteo.

y que...

El jeque Fahid Al Ahmad Al SabahEn España '82, Kuwait se enfrentó a Francia en un partido lleno de sorpresas. Y no precisamente por la actuación de los futbolistas... El encuentro tuvo que ser interrumpido por culpa del jeque Fahid Al Ahmad Al Sabah, que entró en el terreno de juego exigiendo que se anulara un gol del equipo francés. Lo bueno es que consiguió su propósito.

GRAN DANES

Peter Schmeichel
Un tipo que marcó una época en uno de los clubes más importantes del mundo:

 
¿Quién era?: El archifamoso portero de uno de los mejores Manchester United de la historia y de una de las mejores Dinamarcas.
¿Por qué se le recuerda?: En mayo de 1999, en Barcelona, en aquella ya legendaria final de Champions entre los Diablos Rojos y el Bayern Munich, en la que Schmeichel subió a rematar un córner y su presencia le valió el empate a los ingleses.
¿Qué fue de él?: Se retiró en 2003, en las filas del eterno enemigo del United, el no menos histórico Manchester City. Tras ello, ha participado como comentarista televisivo en la BBC británica y ahora retransmite los partidos de Champions en la TV3+ de su país. También es miembro de un grupo inversor que el año pasado compró el mejor equipo de Dinamarca, el Brondby.
¿Sabías qué…?: El apellido Schmeichel sigue dando que hablar. El hijo de Peter, Kasper, de 23 años, es portero en el Leeds United y ya es internacional sub 21 con Dinamarca. El parecido con su padre es asombroso, no sólo físicamente, sino también en sus maneras en la portería. Es tan bueno que se rumoreaba en Inglaterra que iba a ser nacionalizado inglés para cubrir la maltrecha portería de los tres leones. Incluso en su día se le vinculó al Barça para sustituir al lesionado Jorquera.
- En la serie de televisión más famosa del Reino Unido, Coronation Street, salía un perro de raza gran danés llamado Schmeichel.
- En 2006 participó en la versión británica de Mira Quién Baila. Fue eliminado en la séptima semana de concurso.
- También participó en la versión inglesa del concurso El rival más débil y fue presentador de la versión danesa de 1 contra 100 (hacía de Carlos Sobera, vamos).
- Fue elegido mejor portero del mundo en 1992 (el año en el que ganó la Eurocopa con su país) y en 1993.
- En 1997 fue acusado por el delantero del Arsenal Ian Wright de insultarle con comentarios racistas. La Federación inglesa lo investigó pero nunca fue probado.
- La final de Champions del 99 fue su último partido con el United.
- Habiendo jugado el derby de Manchester con los dos equipos de la ciudad, nunca ha perdido ninguno de ellos.
- Tiene el record de la Premier League de porcentaje de partidos jugados sin encajar ni un gol: Un 42%.
- Una encuesta de la agencia Reuters lo nombró en 2001 como el mejor portero de la historia, por delante del soviético Lev Yashin y del inglés Gordon Banks.

Biografía, palmarés, estadísticas: Peter Boleslaw Schmeichel nació en Gladsaxe, Dinamarca, el 18 de noviembre de 1963. Empezó a jugar en el equipo de su ciudad. En el 84 fichó por el Hvidovre danés, para fichar luego por el Brondby en 1987. En 1991 firmó por el Manchester United, donde permaneció ocho años, hasta 1999. Pasó dos temporadas en el Sporting de Lisboa, pero para favorecer la carrera futbolística de su hijo Kasper volvió al Reino Unido y fichó por el Aston Villa, donde jugó un año. Su última temporada fue la 2002/2003 en el Manchester City. Con la selección jugó 129 partidos, lo que le convierte en el danés que más veces a representado a su selección. Su palmarés es de primera: Una Eurocopa con Dinamarca; una Champions con el Manchester United; cinco veces campeón de la Premier; tres veces campeón de la FA Cup; cuatro ediciones de la Community Shield (supercopa inglesa); una Carling Cup; una Supercopa Europa y
una Liga portuguesa.

jueves, 10 de noviembre de 2011

CAMISETAS PARA LA HISTORIA DEL ATHLETIC

Athletic Club de Bilbao 'Ketchup' (2004)


En esta sección de camisetas no podía faltar este hito en la historia del diseño futbolístico. Pocas veces ha habido tanta unanimidad para elegir a la camiseta protagonista de hoy como una de las más feas (o quizá menos apropiadas) de la historia. Viajamos al gran Bilbao para hablar de la ya legendaria camiseta ’ketchup’.
Juan Elorduy, jugador del Athletic Club bilbaíno, estaba en Inglaterra en 1911 y tenía el encargo de comprar 50 camisetas del Blackburn Rovers (azules y blancas, en dos mitades), de las que 25 irían para el equipo bilbaíno y las otras 25 para su sucursal en Madrid. No las encontró en la ciudad de Lancashire y poco antes de embarcar para Bilbao, compró 50 unidades, pero del Southampton (es la ciudad de la que salía su barco), que como sabéis va de rojo y blanco a líneas verticales. De ahí el origen de estos colores.
El primer proveedor de uniformes que tuvo el Athletic fue Adidas, allá por 1982. En 1990 firmaron por la marca italiana Kappa y tras dos temporada más con Adidas (99-00 y 00-01), el Athletic tomó la decisión de autogestionarse el tema de las equipaciones y así creo la marca 100% Athletic (decisión que otros equipos han tomado y que es, en mi opinión, origen de espantosos uniformes. Por ejemplo, el Betis y el Murcia pertenecen a este ’club’).
El tema chungo llegó tres años después. El Athletic había acabado la temporada 2003-2004 en posiciones europeas y para celebrar el asunto, el presidente Fernando Lamikiz encargó al artista vizcaíno Darío Urzay que diseñara unas camisetas para los partidos de la UEFA del club del Botxo.
La presentación de la equipación fue un escándalo (en la foto, con el creador. Por cierto, si alguien sabe qué jugadores son los que hacen de modelos, lo agradecería). Ya desde el mismo día aficionados y medios de comunicación de España y Europa se echaron las manos a la cabeza. Mucha gente en Bilbao, un sitio donde sabemos que las tradiciones se respetan mucho, no comprendían cómo su centenario club podía llevar un diseño tan arriesgado, tan poco convencional, tan... poco vinculado con el Athletic. En la propia página web de la UEFA apareció un artículo sobre las camisetas, donde fueron bautizadas con el nombre por el que todo el mundo las conoce: las camisetas ’ketchup’, por asemejarse los dibujos rojos sobre fondo blanco a chorros de la famosa salsa de tomate.
El club llegó a estrenarla, si bien en un amistoso de pretemporada en Holanda. Pero la vida de la camiseta sólo duró un mes. El Athletic Club, sin duda influenciado por el cachondeo generado por toda Europa, decidió retirar la camiseta. El artista, Darío Urzay, no tardó en dar una rueda de prensa en la que mostró su "indignación y tristeza". Al parecer, Urzay se quejaba del trato recibido por parte de la directiva, que no habló con él en ningún momento antes de retirar la camiseta, después de que él hubiera cedido los derechos de explotación de la obra y el diseño. Además, se quejó de la mofa que hizo la propia UEFA en su web. Para echar más queroseno al fuego, la web estadounidense Bleacher Report hizo un reportaje sobre las 20 camisetas de fútbol más feas de la historia e incluyó la diseñada por Urzay.
Sea como fuere, desde círculos artísticos, en cambio, se elogió el trabajo de Urzay y, de hecho, un ejemplar está expuesto en el ARTIUM, el Museo Vasco de Arte Contemporáneo de Vitoria.
Como sabéis, desde 2009, la firma deportiva inglesa Umbro (propiedad del grupo Nike) es la que viste al Athletic. Para este año, además, ha incluido el diseño de la camiseta bilbaína en su línea Tailored by Umbro, unas camisetas preciosas que recuperan el estilo del fútbol de antaño.
Pero Urzay volvió a ser noticia hace un par de años, cuando recibió el encargo de diseñar las camisetas del centenario del Arenas de Getxo. Estas sí se usaron.

Pues hasta aquí la historia de la camiseta más polémica de la historia del Athletic de Bilbao

miércoles, 9 de noviembre de 2011

FC STAR

El equipo que prefirió morir antes que perder

Supongo que muchos de vosotros habréis visto Evasión o Victoria. Por si no sabéis de qué va, trata de un grupo de prisioneros de guerra de los nazis que aceptan jugar un partido de exhibición para la propaganda alemana. Aunque en realidad los prisioneros aceptan para escaparse en el descanso, juegan el partido entero y empatan a 4, tras lo que consiguen escapar tras una invasión de campo. La película, protagonizada por el gran Sir Michael Caine y Sylvester Stallone, fue famosa también por contar con jugadores profesionales como Pelé, Ossie Ardiles, John Wark o Paul Van Himst, entre otros. Esta película está inspirada en hechos reales. Estos hechos reales superan en emoción al argumento de la película. Pero no tiene un final tan feliz.
Kiev, Unión Soviética. Principios de verano de 1941. Hitler está lanzado en su ofensiva suicida contra el Ejército Rojo y ha ocupado Ucrania. La capital está totalmente controlada por los alemanes. Muchos ciudadanos han muerto o han desaparecido en los ataques. Entre ellos, los jugadores del Dynamo de Kiev, uno de los punteros de la recién nacida URSS. Iosif Kordik es un panadero de la ciudad que puede mantener su negocio por ser de etnia alemana. Además, es un gran fan del Dynamo. Un día, paseando por su derruida ciudad, se encuentra a un deshauciado Nikolai Trusevich, el portero titular de su amado equipo. Emocionado ante tal hallazgo, arriesga su negocio y lo contrata para trabajar en su panadería. Al poco, Trusevich y Kordik deciden buscar en la caótica Kiev al resto de jugadores del Dynamo. Poco a poco, los van localizando, includos tres jugadores del otro equipo de la ciudad, el Lokomotiv, y Kordik los emplea en su panadería.
Una vez juntos, deciden volver a jugar. Como el Dynamo, por ser un equipo controlado por el Estado, había sido prohibido por los nazis, fundan uno nuevo que llaman FC Start (palabra que, curiosamente, significa lo mismo que en inglés, comienzo, principio). Gracias a algunos contactos, el Start consigue que se organicen algunos partidos de fútbol con escuadrones de soldados alemanes.
El Start jugó contra guarniciones húngaras, rumanas y alemanas, con los siguientes resultados en los seis primeros partidos: 6-2, 11-0, 9-1, 6-0, 5-1 y 3-2. Los alemanes empezaron a mosquearse, no sólo porque el Start ponía en entredicho la teoría nazi de la superioridad de la raza aria sobre la eslava, sino porque las victorias del equipo soviético estaban dando balones de moral a la población ocupada. Así que decidieron mandar a Kiev al Flakelf, un equipo formado por oficiales de la Luftwaffe, de más nivel. Pero pasó lo inevitable. El Start ganó 5-1.
En Berlín sonaron las alarmas y dieron la orden de matarlos a todos. Pero algún nazi lo pensó mejor y creyó que si hacían eso, la última imagen de los héroes del Start sería una victoria y su ejemplo sería utilizado en el futuro. Había que derrotarlos primero en el campo. Así, se organizó una revancha, fijada para el 9 de agosto de 1941.


El partido de la muerte


El clima ante el partido era muy tenso. Las autoridades nazis habían decidido que el árbitro sería un oficial de las SS que hablaba ruso, que antes del encuentro se dirigió a los jugadores del Start y les advirtió que al comenzar el encuentro debían de hacer el saludo nazi, con el brazo en alto. Los jugadores saltan al campo, el Start con camiseta roja y el Flakelf de blanco. En lugar de alzar el brazo, los futbolistas soviéticos se pusieron la mano en el pecho. Como en los partidos anteriores, el Start fue muy superior. Llegado el descanso, vencían 2-1, a pesar del juego duro de los alemanes, que repartieron patadas de manera impune durante los 45 minutos. Viendo que perdían, los alemanes decidieron poner las cosas claras. En el vestuario irrumpieron varios miembros del Ejército nazi, armados, que directamente les dijeron que si ganaban, morirían todos.
Aunque se las pasó por la cabeza no saltar al campo (el miedo es irracional), se miraron a las caras y saltaron, como unos valientes... y salieron a ganar. La apisonadora soviética se puso en marcha y al final del partido iban ganando ya 5-3. Cuando el partido agonizaba, uno de los jugadores del Start, Oleksiy Klimenko, cogió el balón, llegó hasta la línea defensiva alemana, regateó a quien le salió al paso, incluido el portero... y cuando estaba solo ante la meta, se dio la vuelta y chutó hacia el centro del campo, un gesto de burla y de superioridad total. El árbitro se apresuró a pitar el final antes de que se cumplieran los 90 minutos.
La gente en Kiev estaba loca de contenta, pero los nazis estaban dispuestos a cumplir su venganza. Dejaron que el Start jugara un partido más (que por cierto ganaron 8-0) y después, detuvieron a todos los miembros del Start, acusándolos de ser miembros de la NKVD, los servicios secretos soviéticos. Algunos de los jugadores murieron torturados poco después. Otros lo hicieron más adelante, en campos de concentración. Sólo sobrevivieron Fedir Tyutchev, Mikhail Sviridovskiy y Makar Goncharenko, que no estaban con el resto de sus compañeros en el momento de su detención. Gracias a ellos, la historia del FC Start se pudo conocer.
Tras ello, varios libros y películas recogieron la historia. En 1981, se erigió junto al estadio del Dynamo una escultura de homenaje a los héroes del Start. Y se dice que quien conserve una entrada del partido del 9 de agosto de 1941, tendrá un asiento asegurado para ver al Dynamo de Kiev.

Y hasta aquí la historia de un grupo de futbolistas que prefirieron morir antes que perder.
Agradecimientos al blog Un trabajo sucio, que recogió antes que nosotros esta apasionante historia.