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miércoles, 4 de enero de 2012

BALOTELLI PUDO SER DE LA MASÍA

El díscolo jugador italiano, mezcla de talento y polémica, podría ser jugador blaugrana hoy en día si se hubiese cerrado su fichaje cuando era un adolescente.
Balotelli debutó con 15 años en el modesto Lumezzane de la Serie C italiana. Su imponente progresión hizo que los principales equipos europeos mostrasen interés en el joven de origen ghanés. El Barça no fue menos y le ofreció una prueba en Junio de 2006 durante una semana. El futbolista jugó tres partidos con el Cadete B donde compartió vestuario con un jugador del primer equipo como Thiago Alcántara. No defraudó durante esa semana y Balotelli anotó 8 goles en los tres partidos disputados con el escudo blaugrana. Los informes fueron claramente favorables y 'SuperMario' superó la prueba sin dificultad. El problema comenzó al formalizar las conversaciones para su contratación. El entorno de Balotelli y su representante se 'desmarcaron' pidiendo cifras astronómicas para tratarse de un adolescente que proceso de formación. El Barcelona se mostró inflexible y no cedió a sus pretensiones como tampoco hicieron Manchester United o Fiorentina. Ahí apareció el Inter y Moratti para satisfacer al entorno de Balotelli, que se convirtió en el juvenil mejor pagado de la historia 'neoazurra'. por Diego Plaza Casals

martes, 3 de enero de 2012

EN LA PIEL DEL GOL


Solskjaer



Hoy estrenamos nueva sección. En la piel del gol.
Hablaremos de los grandes goleadores del mundo del fútbol. Hoy hablamos del delantero Noruego Ole Gunnar Solskjaer "El Frodo de Manchester"



Nombre Ole Gunnar Solskjær
Nacimiento 26 de febrero de 1973 (38 años)
Kristiansund, Noruega
Nacionalidad Bandera de Noruega
Posición Delantero
Estatura 1,78 metros
Partidos internacionales 67
Goles totales 23
Año del debut 1990
Club del debut Clausenengen FK
Año del retiro 2007
Club del retiro Manchester United



Ni un tacón, solo medio regate y siempre dentro del área. No busques sutilezas entre mis hazañas. Escogí un camino más práctico. La aparición por sorpresa, los tiros que salían rebotados por el larguero, disparos que desviaban los contrarios, rechaces, empujones, resbalones, tropezones… No importaba cómo. Chutar más que pasar y marcar más que chutar. Después todo el mundo se lo preguntaba: Who put the ball in the Chelsea’s net? El asesino con cara de niño. Alguien de quién nunca podrías fiarte. ¿Dejarme un metro? Eso a los delanteros que sólo tienen una pierna. Cada jugada requiere un tipo de remate determinado. Hay quien la recibe y quiere terminarla a su manera. En mi caso, si caía a la izquierda la pegaba de zurda, si caía en la diestra, con la derecha. ¿Qué más da, de primeras o previo control? Cuando viene alta se cabecea, por abajo se barre el balón. Si conviene se le pega con el muslo. Who put the ball in the Fulham’s net? El sustituto fantástico. Entrar para marcar. Apenas cuatro temporadas como titular, el resto saliendo desde el banco, y sumé 126 tantos con los diablos rojos. Aquí están. ¿Veis? Ni un toque más de la cuenta, siempre atento a los errores del contrario. Un manual para el joven goleador. Un ejemplo. Si el rival está preparado, escóndete. Quizás detrás de Kuffour. ¿A quién le marcan dos goles de saque de esquina en tres minutos? ¡Tres minutos! Es complicado, pero el gol se pierde rápido. Hay que estar preparado. El Bayern de Múnich concede otro córner. Ferguson mira el reloj. Sirve Beckham, primer palo, ruge la marea roja en el estadio, el balón va rapidísimo, peina Teddy, se acerca el cuero, alargo la pierna, punta de la bota… Who put the ball in in the Germans net? Ole Gunnar Solskjaer.

lunes, 2 de enero de 2012

HENRY VUELVE AL ARSENAL

El francés, que milita en los Red Bull de Nueva York, entrenará en el equipo inglés en una corta cesión 

 

El delantero francés Thierry Henry regresó a su antiguo equipo, el Arsenal, para entrenar con ellos durante un período de cesión que corresponde con el descanso de la Liga estadounidense, según ha informado el club de Londres en un comunicado.
La corta estancia del ex barcelonista en la plantilla de su compatriota Arsene Wenger le ayudará a mantener la forma física de cara a la nueva temporada con los Red Bull de Nueva York, entidad en la que milita desde julio del año pasado.

Otro que aprovechará el tiempo de descanso en la liga americana es David Beckham. El ex capitán de Inglaterra se ha sometido al reconocimiento médico con el Tottenham. Los 'Spurs' anunciaron este domingo que finalmente habían llegado a un acuerdo con el club estadounidense para recibir a Beckham por un contrato de cesión que sólo permitirá al ex jugador del Manchester United y del Real Madrid entrenarse con la plantilla de Harry Redknapp, sin competir con ellos.
David Beckham se entrenará con la primera plantilla del Tottenham Hotspur hasta el próximo 10 de febrero para mantener la forma a la espera de que se reanude la liga de EEUU a mediados de marzo, pero no jugará ningún partido con el equipo.

SIR ALEX FERGUSON: 70 AÑOS AL SERVICIO DEL BALOMPIÉ

 El técnico del Manchester United cumple 7 décadas el 31 de diciembre de 2011, de los cuales 25 ha estado ligado al banquillo del Manchester United. Debutó como jugador profesional a la edad de 16 años con el Queen's Park escocés. Con 33 años ejerció por vez primera desde los banquillos, al mando del East Stirlingshire cobrando 50 euros semanales. Desde 1986, escribe con letras de oro la historia del Manchester United. 

Sus vitrinas rebosan títulos personales a la par de colectivos, pero a día de hoy, aún tiene dos frentes abiertos por resolver que le impiden retirarse: batir la hegemonía del Fútbol Club Barcelona e imponer el dominio del United en Manchester. 



No habrá persona que lo retire, sino club que lo haga. Ya sea por agotamiento o por claro vencedor, el Fútbol Club Barcelona será el verdugo de la historia en los banquillos de Sir Alex Ferguson, el mister que entrena sin reloj.  

¿SABÍAS QUE EL ARSENAL FUE EL PRIMER EQUIPO EN LLEVAR DORSAL EN SUS CAMISETAS?

El "14" de Henry, el "4" de Cesc Fábregas o el "13" de Aleksandr Hleb. Hace 79 años nos habría costado bastante más identificar a los jugadores de uno y otro equipo.

El 25 de agosto de 1928, en el primer partido de Liga de aquella temporada 1928/29, el Arsenal del mítico Herbert Chapman visitaba al Wednesday (actual Sheffield Wednesday) en Hillsborough. Fue el primer equipo, junto al Chelsea, que inmediatamente copió la iniciativa de Chapman, en incluir dorsales en sus camisetas. Tuvieron que pasar aún algunos años con diversas pruebas (los jugadores de un equipo numerados del 1 al 11 y los del otro del 12 al 22…) hasta que la numeración fue incluida por todos los clubes de la Liga inglesa de manera oficial al inicio de la temporada 1939/40.

No fue la única gran revolución en el mundo del fútbol introducida por el visionario Herbert Chapman. Tácticamente, el técnico del Arsenal modernizó aquella “inconcebible” 2-3-5 para dar lugar a una “más razonable” 3-3-4 ó 3-4-3 (la conocida como “WM”), fue el primer manager en cuidar la forma física de los futbolistas de manera profesional y valiéndose de especialistas en la materia, introdujo las mangas blancas en la camiseta del Arsenal que hoy conocemos todos (para diferenciarla de otros equipos “rojos”) y gracias a sus presiones consiguió que se rebautizará la estación de metro de Gillespie Road como Arsenal Station.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

EL LOCO BIELSA

Las historias de locuras del estratega argentino Marcelo Bielsa no  son nuevas.

En un partido de la Copa Libertadores (1992), cuando  dirigía a Newells Old Boys de Rosario, sufrió un catastrófico 6-0 ante San  Lorenzo.

 Los simpatizantes, indignados, responsabilizaron al director técnico, que en ese entonces tenía 37 años.
Una veintena de esos hinchas, los más enfurecidos integrantes de la barra brava del club, decidió pedirle explicaciones, en persona.

El airado grupo fue a la casa del entrenador y llamó insistentemente a la  puerta sin conseguir, al principio, que Bielsa los atendiera. Pero  inesperadamente, el dueño de casa salió y los encaró con el estilo  reconcentrado que años después se convirtió en una marca registrada: “Si no se  van ahora mismo, saco la espoleta y se las tiro”, dijo exhibiendo una granada.

Más estupefactos que después del sexto gol de San Lorenzo, los hinchas se quedaron paralizados primero y comenzaron a retroceder, después. Bielsa,  amenazante, avanzó lentamente al principio y terminó corriéndolos varias  cuadras, siempre empuñando la granada. Uno de los perseguidos que relató la  anécdota a la prensa rosarina decía: “Podíamos esperar que saliera con una  escopeta, pero nunca con una granada”.

lunes, 21 de noviembre de 2011

EL JUGADOR

Corre, jadeando, por la orilla. A un lado lo esperan los cielos de la gloria; al otro, los abismos de la ruina. El barrio lo envidia: el jugador profesional se ha salvado de la fábrica o de la oficina, le pagan por divertirse, se sacó la lotería. Y aunque tenga que sudar como una regadera, sin derecho a cansarse ni a equivocarse, él sale en los diarios y en la tele, las radios dicen su nombre, las mujeres suspiran por él y los niños quieren imitarlo. Pero él, que había empezado jugando por el placer de jugar, en las calles de tierra de los suburbios, ahora juega en los estadios por el deber de trabajar y tiene la obligación de ganar o ganar. Los empresarios lo compran, lo venden, lo prestan; y él se deja llevar a cambio de la promesa de más fama y más dinero. Cuanto más éxito tiene, y más dinero gana, más preso está.
Sometido a disciplina militar, sufre cada día el castigo de los entrenamientos feroces y se somete a los bombardeos de analgésicos y las infiltraciones de cortisona que olvidan el dolor y mienten la salud.
Y en las vísperas de los partidos importantes, lo encierran en un campo de concentración donde cumple trabajos forzados, come comidas bobas, se emborracha con agua y duerme solo. En los otros oficios humanos, el ocaso llega con la vejez, pero el jugador de fútbol puede ser viejo a los treinta
años. Los músculos se cansan temprano:
-Éste no hace un gol ni con la cancha en bajada.
-¿Éste? Ni aunque le aten las manos al arquero.
O antes de los treinta, si un pelotazo lo desmaya de mala manera, o la mala suerte le revienta un músculo, o una patada le rompe un hueso de esos que no tienen arreglo. Y algún mal día el jugador descubre que se ha jugado la vida a una sola baraja y que el dinero se ha volado y la fama también. La fama, señora fugaz, no le ha dejado ni una cartita de consuelo.

Cuento del libro “El fútbol a sol y sombra” – Eduardo Galeano

viernes, 18 de noviembre de 2011

"EL PELUSA"

 D10s existe

Jugó, venció, meó, perdió. El análisis delató efedrina y Maradona acabó de mala manera su Mundial del 94. La efedrina, que no se considera droga estimulante en el deporte profesional de los Estados Unidos y de muchos otros países, está prohibida en las competencias internacionales. hubo estupor y escándalo. Los truenos de la condenación moral dejaron sordo al mundo entero, pero mal que bien se hicieron oír algunas voces de apoyo al ídolo caído. Y no sólo en su dolorida y atónita Argentina, sino
en lugares tan lejanos como Bangladesh, donde una manifestación numerosa rugió en las calles repudiando a la FIFA y exigiendo el retorno del expulsado. Al fin y al cabo, juzgarlo era fácil, y era fácil condenarlo, pero no resultaba tan fácil olvidar que Maradona venía cometiendo desde hacía años el pecado dc ser el mejor, el delito de denunciar a viva voz las cosas que el poder manda callar y cl crimen de jugar con la zurda, lo cual, según el Pequeño Larousse Ilustrado, significa «con la izquierda» y también significa «al contrario de como se debe hacer». Diego Armando Maradona nunca había usado estimulantes, en vísperas dc los partidos, para multiplicarse el cuerpo. Es verdad que había estado metido en la cocaína, pero se dopaba en las fiestas tristes, para olvidar o ser olvidado, cuando ya estaba acorralado por la gloria y no podía vivir sin la fama que no lo dejaba vivir. Jugaba mejor que nadie a pesar de la cocaína, y no por ella. Él estaba agobiado por el peso de su propio personaje. Tenía problemas en la columna vertebral, desde el lejano día en que la multitud había gritado su nombre por primera vez. Maradona llevaba una carga llamada Maradona, que le hacía crujir la espalda. El cuerpo como metáfora: le dolían las piernas, no podía dormir sin pastillas. No había demorado en darse cuenta de que era insoportable la responsabilidad de trabajar de dios en los estadios, pero desde el principio supo que era imposible dejar de hacerlo. «Necesito que me necesiten», confesó, cuando ya llevaba muchos años con el halo sobre la cabeza, sometido a la tiranía del rendimiento sobrehumano, empachado de cortisona y analgésicos y ovaciones, acosado por las exigencias de sus devotos y por el odio de sus ofendidos. El placer de derribar ídolos es directamente proporcional a la necesidad de tenerlos. En España, cuando Goicoechea le pegó de atrás y sin la pelota y lo dejó fuera de las canchas por varios meses, no faltaron fanáticos que llevaron en andas al culpable de este homicidio premeditado, y en todo el mundo sobraron gentes dispuestas a celebrar la caída del arrogante sudaca intruso en las cumbres, el nuevo rico ése que se había fugado del hambre y se daba el lujo de la insolencia y la fanfarronería.
Después, en Nápoles, Maradona fue santa Maradonna y san Gennaro se convirtió en san Gennarmando. En las calles se vendían imágenes de la divinidad de pantalón corto, iluminada por la corona de la Virgen o envuelta en el manto sagrado del santo que sangra cada seis meses, y también se vendían ataúdes de los clubes del norte de Italia y botellitas con lágrimas de Silvio Berlusconi. Los niños y los perros lucían pelucas de Maradona. Había una pelota bajo el pie de la estatua del Dante y el tritón de la fuente vestía la camiseta azul del club Nápoles. Hacía más de medio siglo que el equipo de la ciudad no ganaba un campeonato, ciudad condenada las furias del Vesubio y a la derrota eterna en los campos de fútbol, y gracias a Maradona el sur oscuro había logrado, por fin, humillar al norte blanco que lo despreciaba. Copa tras copa, en los estadios italianos y europeos, el club Nápoles vencía, y cada gol era una profanación del orden establecido y una revancha contra la historia. En Milán odiaban al culpable de esta afrenta de los pobres salidos de su lugar, lo llamaban jamón con
rulos. Y no sólo en Milán: en el Mundial del 90, la mayoría del público castigaba a Maradona con furiosas silbatinas cada vez que tocaba la pelota, y la derrota argentina ante Alemania fue celebrada como una victoria italiana.Cuando Maradona dijo que quería irse de Nápoles, hubo quienes le echaron por la ventana muñecos de cera atravesados de alfileres. Prisionero de la ciudad que lo adoraba y de la camorra, la mafia dueña de la ciudad, él ya estaba jugando a contracorazón, a contrapié; y entonces,
estalló el escándalo de la cocaína. Maradona se convirtió súbitamente en Maracoca, un delincuente que se había hecho pasar por héroe.

Más tarde, en Buenos Aires, la televisión trasmitió el segundo ajuste de cuentas: detención en vivo y en directo, como si fuera un partido, para deleite de quienes disfrutaron el espectáculo del rey desnudo que la policía se llevaba preso. «Es un enfermo», dijeron. Dijeron: «Está acabado». El mesías convocado para redimir la maldición histórica de los italianos del sur había sido, también, el vengador
de la derrota argentina en la guerra de las Malvinas, mediante un gol tramposo y otro gol fabuloso, que dejó a los ingleses girando como trompos durante algunos años; pero a la hora de la caída, el Pibe de Oro no fue más que un farsante pichicatero y putañero. Maradona había traicionado a los niños y había deshonrado al deporte. Lo dieron por muerto. Pero el cadáver se levantó de un brinco. Cumplida la
penitencia de la cocaína, Maradona fue el bombero de la selección argentina, que estaba quemando sus últimas posibilidades de llegar al Mundial 94. Gracias a Maradona, llegó. Y en el Mundial, Maradona estaba siendo otra vez, como en los viejos tiempos, el mejor de todos, cuando estalló el escándalo de la efedrina. La máquina del poder se la tenía jurada. Él le cantaba las cuarenta, eso tiene su precio, cl precio se cobra al contado y sin descuentos. Y el propio Maradona regaló la justificación, por su tendencia suicida a servirse en bandeja en boca de sus muchos enemigos y esa irresponsabilidad
infantil que lo empuja a precipitarse en cuanta trampa se abre en su camino. Los mismos periodistas que lo acosan con los micrófonos, le reprochan su arrogancia y sus rabietas, y lo acusan de hablar demasiado. No les falta razón; pero no es eso lo que no pueden perdonarle: en realidad, no les gusta lo que a veces dice. Este petiso respondón y calentón tiene la costumbre de lanzar golpes hacia arriba. En
el 86 y en el 94, en México y en Estados Unidos, denunció a la omnipotente dictadura de la televisión, que estaba obligando a los jugadores a deslomarse al mediodía, achicharrándose al sol, y en mil y una ocasiones más, todo a lo largo de su accidentada carrera, Maradona ha dicho cosas que han sacudido el avispero. Él no ha sido el único jugador desobediente, pero ha sido su voz la que ha dado resonancia universal a las preguntas más insoportables: ¿Por qué no rigen en el fútbol las normas universales del derecho laboral? Si es normal que cualquier artista conozca las utilidades del show que ofrece, ¿por qué los jugadores no pueden conocer las cuentas secretas de la opulenta multinacional del fútbol? Havelange calla, ocupado en otros menesteres, y Joseph Blatter, burócrata de la FIFA que jamás ha pateado una pelota pero anda en limusinas de ocho metros y con chófer negro, se limita a comentar: El último astro argentino fue Di Stéfano. Cuando Maradona fue, por fin, expulsado del Mundial del 94, las canchas de fútbol perdieron a su rebelde más clamoroso. Y también perdieron a un jugador fant
ástico. Maradona es incontrolable cuando habla, pero mucho más cuando juega: no hay quien pueda prever las diabluras de este inventor de sorpresas, que jamás se repite y que disfruta desconcertando a las computadoras. No es un jugador veloz, torito corto de piernas, pero lleva la pelota cosida al pie y tiene ojos en todo el cuerpo. Sus artes malabares encienden la cancha. El puede resolver un partido disparando un tiro fulminante de espaldas al arco o sirviendo un pase imposible, a lo lejos, cuando está cercado por miles de piernas enemigas; y no hay quien lo pare cuando se lanza a gambetear
rivales. En el frígido fútbol de fin de siglo, que exige ganar y prohibe gozar, este hombre es uno de los pocos que demuestra que la fantasía puede también ser eficaz.


Cuento del libro “El fútbol a sol y sombra” – Eduardo Galeano

jueves, 17 de noviembre de 2011

El Manchester sobrevivió a su propia catástrofe

En la catástrofe aérea de Múnich, el equipo del United quedó destrozado. Murieron jugadores importantes como Byrne, Pegg, Taylor, Colman, Whelan y estuvo 15 días debatiéndose entre la vida y la muerte Duncan Edwards, que a sus 21 años era la figura del equipo y la gran esperanza del fútbol inglés. Su muerte conmocionó a Inglaterra y hubieron de ocultársela a su entrenador, Matt Busby, que la conocería semanas más tarde.

Aquel equipo tuvo que recomponerse y seguir jugando el campeonato y hasta llegó a disputar aquel año la final de Copa perdiéndola 2-0 con el Bolton.Dicen que el fútbol siempre paga sus deudas. Tres de los supervivientes, Charlton, Foulkes y Gregg, con Matt Busby en el banquillo como entrenador, lograrían diez años después de la catastrofe de Múnich en 1968 ganar la Copa de Europa imponiéndose al Benfica en una final inolvidable para la ciudad de Manchester y para los hinchas del United.
Si alguna vez viajan de turismo a Inglaterra y tienen pensado visitar la ciudad de Manchester no olviden que en el propio estadio de Old Trafford, uno de los grandes templos del fútbol inglés, hay un museo futbolístico de primera dimensión y una sala dedicada a una tragedia que engrandeció la historia de uno de los equipos más importantes del mundo y que sabe rendir culto a aquellos que lo engrandecieron.
Con 21 años en una pista helada dejó su vida la gran figura del fútbol inglés, Duncan Edwards. Dicen que en la iglesia de su ciudad hay una vidriera que le recuerda vestido con la camiseta del United.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Historia de los Mundiales II

La expulsion de Rattin-La participación de José Batista en México '86 fue vista y no vista. El jugador uruguayo fue expulsado del partido que disputaba su selección ante Escocia a los 55 segundos de juego. Por supuesto, Batista tiene el récord de la expulsión más rápida.

-Una intensa lluvia fue la protagonista del partido que enfrentó a Brasil y Polonia en Francia '38. El terreno de juego se encharcó, y el brasileño Leónidas decidió quitarse las botas porque le pesaban demasiado a causa del barro. Pero el árbitro no le permitió jugar descalzo y le obligó a ponérselas de nuevo. Poco después, el delantero brasileño perdió una bota en plena jugada y llegó a meter un gol.

-27 segundos de juego bastaron para que el inglés Bryan Robson anotara el primer gol en el partido que enfrentaba a su país contra Francia. Fue en España '82, y aquel gol pasó a la historia como el más rápido en una Copa del Mundo.

-En Inglaterra '66, durante el partido entre Argentina y el equipo anfitrión, el árbitro expulsó a Antonio Rattín en una decisión que los jugadores argentinos consideraron injusta. A modo de protesta, Rattín arrancó y retorció uno de los banderines de corner, y luego se sentó a ver el resto del partido sobre la alfombra real británica.

-Uruguay '30, partido entre Francia y Argentina. Cuatro minutos antes del tiempo reglamentario, el árbitro Almeido Rego pita el final del encuentro cuando Argentina gana por 1 a 0. Los equipos abandonan el terreno de juego, pero el público no está de acuerdo con la decisión del árbitro e invade el campo para protestar. Tras la intervención de la policía para echar a los aficionados, Rego reconsidera su decisión y hacer llamar a los jugadores, que ya están en los vestuarios, para reanudar el juego. El partido termina con el mismo resultado.

-En Argentina '78, durante el partido que enfrentaba a Brasil y Túnez, el árbitro señaló una falta a favor de los brasileños cerca del área tunecina. Cuando ya todos los jugadores estaban preparados y el árbitro pitó para reanudar el juego, un defensa abandonó corriendo la barrera tunecina y chutó el balón antes de que ningún jugador brasileño pudiera reaccionar. El árbitro amonestó al tunecino, pero éste no llegó a entender por qué le castigaban.

-Un pastor protestante de una pequeña localidad británica ha decidido proyectar los partidos del Mundial 2002 para sus parroquianos. De esta manera pretende atraer a los feligreses a su iglesia, al menos los domingos, que es cuando se emitirán los encuentros. Lo que no podrán hacer los aficionados es tomarse la típica pinta de cerveza mientras ven los partidos...

martes, 15 de noviembre de 2011

EL REY ESCORPIÓN

Lo primero que hay que decir es que el Escorpión nació por casualidad, pues lo que yo quería hacer era otra cosa: agarrar el balón con las piernas y no pegarle con los tacos. Me explico: simplemente a mí me tiraban la pelota, yo me estiraba para adelante, como volando, y la apretaba entre la parte trasera del muslo y el huevito que está detrás de la espinilla.La verdad es que yo vi de reojo que el juez de línea tenía la bandera levantada por un fuera de lugar, lo que hacía el momento aun más perfecto: si el balón pasaba, capaz que dejaba la banderola arriba y anulaba el gol. Pero el hombre quedó loco cuando hice la jugada y bajó la bandera. En ese momento escuché un murmullo en las tribunas que nunca había oído y no volví a oír. Después empezaron las ovaciones. Creo que ha sido la jugada más premiada y celebrada de la historia del fútbol. El árbitro pitó el final del primer tiempo, llegamos al camerino y, ¡sorpresa!, el técnico ‘Bolillo’ Gómez no me regañó. En cambio dijo: “Si eso lo hubiera hecho un argentino, lo habríamos aplaudido; entonces démosle un aplauso a René”. Y todos me aplaudieron y me felicitaron. Pero en ese camerino nadie entendía la dimensión de lo acababa de pasar hasta que salimos para el hotel y la gente en la calle hablaba del Escorpión. Después prendimos la televisión y los periodistas comentaban la jugada. Y en el aeropuerto solo se escuchaba a la gente que repetía “el Escorpión, el Escorpión, el Escorpión…”. Era una locura